Iba en la micro hacia la Clínica Las Condes y llegando me pongo de pie para bajarme. El chofer abre la puerta de adelante para que se baje un pasajero y me ignora, siendo que yo estaba en la siguiente puerta.
Camino hacia la puerta del frente y le pregunto: "¿Me abre la puerta para bajarme? ¿No se supone que uno se debe bajar por atrás y no por adelante?".
Silencio, él mira hacia el frente. La luz del semáforo está verde, pero él apenas avanza.
Le vuelvo a decir: "Perdón, ¿me está escuchando? Me bajo aquí, ábrame la puerta, por favor".
No se le mueve un pelo.
Pienso en qué le pasa a este hombre, ¿será por la regla de que el conductor no puede hablar con los pasajeros? Insisto: "Por favor, abra la puerta"
Parece una estatua, tengo hora al cardiólogo y si no me deja en este paradero voy a perderla".
Nada, ni un suspiro ni un pestañeo. La luz del semáforo está en rojo.
Me acerco más con un nivel de asombro que raya en lo absurdo, emito una pequeña risa irónica: "Esto no está pasando. Me está agarrando para el hueveo* ¿cierto? ¡Por favor déjeme salir!"
Cuando me estaba empezando a desesperar, me mira y dice: "Mire, dama, ahí en la esquina hay un Servipag, usted va a ir y recargar su tarjeta".
Misterio resuelto: el picante cree que no pagué y como tiene un ápice de poder lo utiliza con despotismo.
Más tranquila, saco mi tarjeta en el acto y le espeto: "Pero si ya pagué, mire" y paso la tarjeta por el lector que marca $0 y saldo $820.
Sólo alcanzo a escuchar un "Perdone" o "DiscuRpe" o algo, porque apenas abrió la puerta huí despavorida sin contestar ni pío.
Camino a la Clínica sin rabia, sólo atónita e intrigada. No puedo creer que haya pasado por una situación así.
Con razón a estas personas con mala actitud les pegan, los acuchillan y disparan contra ellos. No tienen criterio, ni educación, ni mucho menos don de gentes. El flaite no razona: se taima.
Tarea para las empresas de transporte urbano:
- Capacitar a los conductores en servicio al cliente,
- Trasladar la fiscalización del pago de pasajes a otro elemento,
- Ser más acuciosos con los exámenes psicológicos de selección de su personal,
- Educarlos en el manejo de la ira, el orden de los pensamientos y la reacción ante situaciones de estrés.

*Aunque uno trate a garabatos a una persona con mala actitud, no puede dejar de tratarlo de Ud. para que no se suba por el chorro.