
Ando odiosa.
Odio al mundo entero, odio Santiago, odio las micros, odio vivir entre cuatro paredes más de 40 horas a la semana, odio a los idiotas que se suben a las micros a agarrar para el hueveo a la gente, esperan que les des plata por sus estupideces y más encima se enojan si no recaudan lo que querían, odio saber lo que voy a hacer cada día de la semana con una ídem de anticipación.
Odio mi vida.
La rutina me aplasta como a una cucaracha, algo me está apretando el pecho y no sé qué es.
Quiero mandar a la cresta el calendario, los compromisos, los amigos, la familia, todo. Y tirar la agenda al mar, con un movimiento circular como el del discóbolo. Quiero ser una fugitiva del día a día, que pase algo definitivo, cambiar mi vida de forma radical.
Me asfixio, me muero de a poco.
Quiero correr por la playa a pata pelada y reírme a gritos como los locos o los indigentes...
Obvio que sé que todo son puras ilusiones, sueños erráticos, locuras.
Permiso, tengo que volver a lo de siempre. Nos leemos.