Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta dolor. Mostrar todas las entradas

lunes, 13 de julio de 2009

Me duele la guata, mamá

Tengo un terrible dolor de estómago. La razón más obvia para ello es que comí muchísimo el fin de semana, invitada a manifestaciones varias, desde cumpleaños infantiles hasta almuerzos familiares. Claro que también he tenido algunas infecciones intestinales en los últimos 2 años que me hacen sospechar que algo que comí no estaba tan ascéptico.

En fin, la cosa es que me siento morir. He tomado remedios al por mayor y no hay caso, veo estrellitas.

Lo peor es que igual tengo que estar en la oficina, porque si no tengo licencia médica no puedo faltar y no voy a ir al médico por un dolor de guata para que me dé antidiarreicos y antiespasmódicos que ya estoy tomando.

Por lo tanto, aquí estoy a media máquina contestando llamados y lidiando con problemas de la pega. De hecho, un rato estuve tecleando con una sola mano y con la otra sobándome el vientre.

Es la vida del asalariado, hay que apechugar, no más. En momentos así, juro que me da envidia la gente que no hace nada (no incluyo aquí a las dueñas de casa, por supuesto, que sí hacen y mucho), que no está 45 horas semanales encerrada entre cuatro paredes, que no tiene que preocuparse por sus horas de sueño para estar fresco en la oficina y puede tener una vida social decente, que si se enferma se queda acostada, que no vive estresada ni corriendo.

Pero, bueno, para mí no es así la cosa y no saco nada con reclamar. Permiso, debo volver a la pega.

viernes, 16 de enero de 2009

P'al gato

Mi estado de ánimo no puede ser peor, creo que estoy pasando por una depresión heavy. Murió súbitamente una persona muy querida en mi pega, con los agravantes de ser relativamente joven y llena de vida, además de llevar más de 20 años trabajando aquí.

Eso nos tiene a todos devastados, uno puede encontrar caras largas hacia donde mire y todo está tan tenso que aunque haya música, suena vacía como en un tubo de metal.

No es ningún secreto que las cabezas de la organización dejaron sus puestos (tuvo amplia cobertura de la prensa) y eso ya había afectado el ánimo del personal en forma muy negativa, por lo que la muerte de un hombre tan cercano a la gente ha sido un golpe muy duro sobre un cuerpo ya magullado.

Él era un hombre tan conversador, alegre y sencillo, no le interesaba demostrar su jerarquía, muy querendón, ecuánime con el personal a su cargo, cuando venía a mi oficina a conversar me entretenía y aprendía muchísimo, a su lado no se pasaban penas. Verdaderamente va a dejar un vacío en el espíritu de la corporación que será dificilísimo de llenar.

Por otra parte, mi pololo tampoco está muy bien de ánimo, pero por supuesto no voy a exponer aquí los motivos, sólo puedo decir que eso también me afecta y siento que estoy en un pozo de arenas húmedas que me tragan lentamente.

Todo me cuesta: levantarme, comer, sonreír y hasta pensar con claridad, es como si un pesado sopor se hubiese sentado sobre mis párpados y me desencajara la cara. Quisiera dormir una semana en los brazos de mi gringo, sólo quiero que me abrace, acurrucarme bajo sus brazos y no salir de ahí nunca más...

Sé que no es el fin del mundo, que todo tiene solución (menos la muerte), que las despedidas son tristes pero necesarias, etc. Lo sé, pero mis tripas me dicen que tengo pena.

Lo mejor es vivir el dolor a concho y hacer el duelo completo para no crear secuelas y mantener la salud mental... Pero ¿cuánto durará?