miércoles, 2 de julio de 2008

Sala de Espera


Héme aquí nuevamente en una sala de espera médica. Otro cardiólogo, otra opinión ¿otro diagnóstico? No sé si quiero más diagnósticos, más agujas, más píldoras, más esperanzas incumplidas.

Raquel Argandoña me mira desde la portada de una CARAS en la mesita de centro. Mi mamá dice que cuando era niña venía a otro cardiólogo en este mismo centro médico, pero yo no me acuerdo ¿lo habré bloqueado? Sí recuerdo el hospital de Chuquicamata, Roy H. Glover, con sus jardines imposibles en el desierto más árido del mundo y su infraestructura de los años '60, los relojes de pared perfectos, los muros gruesísimos, la calefacción eterna, afuera viento, adentro calma.

Finalmente me hace pasar, lo primero que pregunta es qué opina mi cardiólogo original y luego lo apoya en todo. Creo que no fueron bien gastadas las 30 lucas (no atiende con bono). Si fuera por él, me instalaría un marcapasos mañana. Me pregunta qué quiero y en realidad no sé qué quiero. Sólo me gustaría no seguirme intoxicando con amiodarona y que mi corazón lata normalmente.

El marcapasos es para siempre, una vez que bloquean la conducción eléctrica entre las aurículas y los ventrículos no hay vuelta atrás. Tengo miedo, tengo que decidir algo para lo cual no estoy preparada. Quisiera llorar a gritos, pero tengo que ser fuerte para no deprimir a mi mamá, no se lo merece después de todo lo que ha hecho por mí y mi salud. Hubo un segundo en el taxi de vuelta a la casa en que estuve a punto de estallar. Siento un nudo en el pecho y esta vez no es el corazón. No me puedo permitir emociones negativas ahora, imposible. No tengo derecho a arruinar la vida de los demás habiendo una esperanza.

Ser macapasos-dependiente por el resto de mi vida es muy difícil de aceptar. Si el marcapasos falla, simplemente me moriría y punto. El cardiólogo dice que esos aparatos son como los aviones, que la tasa de falla es bajísima, yo lo escucho y no puedo creer que esté hablando de mi vida tan livianamente. La sola posibilidad de morir no está en mis planes, prefiero tener una calidad de vida de mierda, supongo.

No sé, no sé nada ahora, tarde o temprano tendré que tomar la decisión. Espero prolongarlo lo más posible. Tengo la esperanza de que en 10 años más inventen un medicamento que pueda reemplazar a la amiodarona en eficacia, pero superarla en toxicidad. Mientras tanto mi venenosa amiga me ayuda a ganar tiempo ¿cuánto más durará?

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