miércoles, 25 de febrero de 2009

Capacidad de amar

Todos la tenemos, pero sólo algunos la desarrollan. Si todos lo hiciéramos, seguro el mundo sería mejor.

Yo todavía no pierdo la fe.

Uno siempre dice "pero yo que soy una persona como cualquiera, con mi pequeñeces y egoísmos, que me he peleado con mi hermana/hermano/papá/mamá/ex/perro/gato/canario, que me dan ganas de mandar a todos a la punta del cerro, que me pongo furibundo/a cuando me pasa tal cosa ¿cómo voy a desarrollar mi capacidad de amar?

Es que es difícil, muy difícil como decía la canción sesentera. Hay que ser amable con todos, centrado en las situaciones límite (a veces la rabia nos enceguece), dejar el orgullo de lado (personalmente es lo que más me cuesta) y perdonar a todo el mundo de todo (incluyéndose uno de no ser perfecto), entre otras linduras por el estilo.

Suena imposible y pueda que lo sea, pero todavía creo que todos podemos hacerlo si nos lo proponemos de verdad. Vamos por partes, dijo el carnicero.


La amabilidad en lo cotidiano


Se puede empezar con pequeñas cosas como saludar a gente con la que nunca intercambiamos palabra por lata o miedo de que nos lateen. Tampoco se trata de entablar conversaciones eternas y exponerse a escuchar las tonteras de todo el mundo, sólo saludar.
Yo soy amable, pero solitaria, me carga que me hueveen los pollitos. Por ejemplo, almuerzo sola y me cuesta mucho salir a escuchar o ver gente a la hora de almuerzo. Cuando veo personas las trato con amabilidad, pero no con zalamería. Sin embargo, no tengo paciencia para disponerme a ser oyente incondicional.

Ser amable a todo evento es lo máximo, cuando estás en una reunión y ves que la cara de alguien se pone roja de rabia, impotencia o lo que sea y la otra persona se mantiene ecuánime y la trata con toda cortesía, no puedes evitar admirar a este último. Esa es la meta.

Si te insultan, no pongas la otra mejilla, mantén tu educación y trata al otro con toda amabilidad. El que agrede es quien está mal, no el agredido.

Las situaciones límite son todo un tema

¿Quién puede asegurar que nunca ha perdido la calma? Si alguien muere, si pasamos un susto de muerte o la ira nos invade por completo por alguna razón determinada, tendemos a perder el control rápidamente. Es en esos momentos en que más necesitamos templanza. Algo que nuestros antepasados ejercían a diario mezclándolo con resignación (la mayoría convencidos por el catolicismo de que así ganarían el paraíso).
La gente hace un par de generaciones era más contenida, pero por lo mismo cuando perdían el control quedaba la ca-ga-da.
Bueno, yo todavía no he saltado por la ventana ni he arrojado objetos contundentes a nadie, tampoco me he peleado a combos ni he gritado insultos en público (ni en privado tampoco), pero de que algunos se los merecen, no hay duda.
El desafío es que, aunque una persona pida a gritos con sus actitudes que uno le saque la chucha, uno pueda contenerse y no reaccionar. Como los entrenadores de delfines: si el animal hace mal un truco no hacen nada. No le pegan, no lo insultan, ni lo miran feo, sólo siguen como si nada hubiese pasado. Se llama la técnica de extinción, con ella logran que las conductas indeseables, al no encontrar piso en qué apoyarse se extingan por falta de interés.

¿Por qué dejar el orgullo de lado es tan importante para desarrollar la capacidad de amar?

Creo que la razón es que tratar de ser mejor que el otro todo el rato nos impide ponernos en su lugar, empatizar.
No confundir orgullo con dignidad, son cosas totalmente distintas.
Orgullo es que como yo soy ingeniero no pesco a las secretarias, es que te miro feo para yo sentirme mejor, es que me engrupo en mis cuentos intelectualoides para encontrarte tonto e inculto y yo más inteligente y genial, y así.
La dignidad tiene más que ver con no darle el gusto a quien quiere hacernos daño de vernos llorar o no emborracharse tanto que tengan que sujetarte la cabeza para vomitar la intoxicación y cosas por el estilo.
Si no me bajo del pedestal de ídolo que me construí, no voy a estar nunca a tu altura y, por lo tanto, no me voy a fijar en ti, ni menos aún me voy a enterar de qué te pasa o por qué te comportas de determinada manera: no te voy a poder ayudar.

Perdón ¿y olvido?

La letra de la canción "Dos Margaritas" de Os Paralamas Do Suceso tiene un verso que dice: "si la venganza borrase el dolor" y otras cosas imposibles como "si Charly escribiese la Constitución" que harían feliz al protagonista con cualquier tontería, pero como no es así "nada me hará tan feliz como dos margaritas", que puede referirse o no a las tequilosas y refrescantes bebidas alcohólicas homónimas, no se sabe.
El punto es que la venganza no borra el dolor, puede ser que el tiempo lo haga o que no se vaya nunca y debamos vivir siempre con él, lo importante es que, aunque a uno le duela, le pique o le moleste algo que le hicieron, que cree que le hicieron, que provocaron indirectamente o posiblemente le harán en el futuro y a uno ya le carga, perdone al sujeto involucrado en cuestión.
Perdonar no significa olvidarse de todo, sino mirarlo desde otra óptica, no dejar que se inmiscuya en tus relaciones presentes ni en tu presente completo, significa echarle Mentholatum a la roncha y seguir adelante. Es acordarse de la avalancha de cosas buenas (si es que las hubo) y desechar lo demás.
Bueno, hay casos extremos como que a uno le maten a un hijo en que todo esto se oye muy bonito pero no es más que palabrería. Salvo esas excepciones creo que se puede aplicar el perdón a casi cualquier cosa.
La empatía es clave en este punto.
Por ejemplo, si alguien fue tu amigo/a y te salió con algún pastelazo (traición, pelambre, mentira, robo etc.), ponte en su lugar, pregúntate por qué lo hizo, qué debió haber sentido en ese momento y después, reflexiona sobre las circunstancias que rodearon la situación y las características de tu amigo/a en ese momento, tal vez era un adolescente y le ganó la inmadurez, o puede ser que haya sido pura mala leche no más. Ahí sería más entretenido tratar de perdonarlo/a porque pucha que es complicado
A mí lo que más me cuesta es perdonar a la gente que me ha insultado, denigrado o mellado mi dignidad de alguna forma. Me cuesta "kilos" o más bien "toneladas", pero hasta el momento siempre lo he logrado. Insúltenme no más: es gratis.


Conclusión y "Disclaimer"


Las opiniones de la autora no necesariamente reflejan el pensamiento de los anunciantes de Google AdSense que auspician este blog. Así que aunque crea que son leseras, déle clic no más.

Bueno, si algo he aprendido en la vida es que los seres humanos somos perfeccionables y le doy otra oportunidad a la Humanidad entera, incluyéndome a mí.

Por otra parte, lo he repetido hasta el cansancio, no soy gurú de nada ni de nadie, sólo quiero que sea más fácil el tránsito por la vida para todos.

Igual no creo que nadie haya alcanzado a leer hasta aquí esta "webada" es demasiado larga, je, je, je. Pero de todas formas, que cada uno haga lo que quiera, mátense entre ustedes, insúltense, ódiense, peleen, vénguense... pero conmigo no vengan a quejarse.

1 comentario:

alfredo dijo...

amar es complejo, yo creo que hay que ser empatico, ceder y sobretodo saber darse cuenta de que el otro tambien existe. suena logico, pero a veces en el proceso del amor nos invade el egoismo.