sábado, 4 de abril de 2009

En cama

Heme aquí en cama, con la garganta en la mano. En vez de salir el fin de semana, ver a mis sobrinos o hacer cualquier otra cosa, tengo que estar acostada para poder mejorarme antes del próximo fin de semana, porque viajamos a Buenos Aires.

Aunque voy a ir igual, aunque me esté muriendo. No por nada anduve por toda Sudáfrica y Zimbabwe con un dolor de garganta mucho peor y además mal del corazón. Así que para mí esto es un pelo de la cola.

En cierta forma las enfermedades nos ponen más humildes frente a la vida, hacen que aceptemos nuestra propia pequeñez y limitaciones. Hacen paremos la vorágine productiva, contemplemos nuestra forma de vivir y la retahíla de actividades diarias con que repletamos nuestro esquema horario.

Creemos que somos lo que hacemos. Me explico. "Yo soy un gran hombre porque canto, pinto, leo, escribo, dibujo y miles de otras cosas que nadie hace mejor que yo". O.K. ¿Quién eres cuando no puedes hacer todas esas cosas porque estás enfermo? ¿Dejas de tener esencia? ¿Dejas de existir como persona individual y pasas a ser un ser más entre millones?

A pesar de adorar mi trabajo, no me defino por él. El trabajo o los hobbies no son un fin en sí mismos. No quiero ser amada por lo que hago, sino por mi esencia.

Trabajando, leyendo, cantando, escribiendo o yaciendo en cama convaleciente soy la misma. Trato de ser la más amable, la más empática, la más comprensiva, la más dulce y a veces soy la más irónica, tengo el sentido del humor más maldito y soy la más cascarrabias.

Ese es mi carácter intrínseco, no la ingeniería, no la escritura, no la capacidad de aprender idiomas.

¿Por qué dedicamos entonces tanto tiempo a hacer y tan poco a ser? La gente se muere por el reconocimiento público, adora sus logros y se envanece con sus maravillosos historiales de realizaciones. Vano intento.

En general, los personajes realmente grandes del mundo son reconocidos después de su muerte. Con frecuencia, quienes reciben fama y admiración en vida sólo dejan una pequeña mancha en la Historia de la Humanidad.

Lo único que nos queda cuando enfermamos es nuestra esencia, nuestra forma de ser, no importa lo que hicimos, cuánto nos admiraron, quiénes nos envidiaron o cuánto dinero ganamos, lo único que cuenta es lo que somos.

¿Y tú, eres o haces? Ergo sum.

1 comentario:

alfredo dijo...

no se si en estos momentos alcance a "ser", la desgracia me persigue. no obstante, se que soy lo que siempre he sido. de alguna forma, llegar a ser en estos dias ha sido un camino muy complejo. siempre supe que no es mi trabajo lo que me define, sino el conjunto de experiencias que me llevaron a ser lo que soy. desgraciadas o alegres, les debo por haber formado a este varon sensible.

concuerdo contigo: el trabajo, nuestra profesion son tan solo un aspecto, una parte de nosotros. son medios para nuestros fines.

ah, y me gustan tus escritos. leere y comentare in extenso.

saludos y suerte en baires.