domingo, 2 de agosto de 2009

Mejor alumna en inglés de mi generación



Aquí estoy recibiendo el premio a la mejor alumna en inglés de mi generación. No puedo creer que han pasado millones de años. Éramos 6 cuartos medios, desde el A hasta el F y yo -que nunca fui de intercambio al extranjero- gané esta distinción venciendo a más de 100 alumnos que salieron ese año del colegio. Realmente me creía la muerte.

Ahora creo que todo lo que me esforcé y luché para ser siempre la mejor en todo no valía la pena, porque nunca me hizo realmente feliz. Mi perfeccionismo me aislaba, me separaba de los demás y me hacía insoportable a sus ojos. Me acuerdo de mis lágrimas inconsolables cuando me sacaba un 6,7. ¡Qué estupidez! Supongo que lo hacía para tener la atención de mis papás.

Padres: no estimulen el exitismo en sus hijos, el ser "winner" nunca ha sido realmente una ventaja en nada para nadie. Es un desperdicio enfocarse a ello.

Todas esas energías las podría haber invertido en ser más sociable y más humana, en cambio mis logros me hacían sentir "mejor que los demás". ¡Qué absurdo!

Ahora me doy cuenta que ser "mejor" significa ser más compasivo, más emocionalmente inteligente, más empático, más caritativo, más resiliente y tener más herramientas para enfrentar las crisis que el psiquiatra y los antidepresivos. Ese es para mí una parte importante del verdadero camino a la felicidad.

Los premios no son nada, no son la realización personal.

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