lunes, 18 de mayo de 2009

Aprender de los Errores


Siempre hablo de aprender de los errores (u horrores, depende del grado de impacto en la vida), pero finalmente ¿qué he aprendido?

Creo que empezaré por las relaciones de pareja, que son lo que más me ocupa los pensamientos últimamente.

Bueno, una de las cosas que he hecho mal es ser demasiado complaciente, adaptable y dejar escapar mi esencia en beneficio de la relación de pareja de turno. O sea, no pelear, no discutir, encontrar todo fantástico y callarme la bocota. Ya no lo hago, ahora discuto lo que hay que discutir, expongo mis puntos de vista y me paro firmemente en mis dos pies para defender mis posturas en lo que es importante para mí. En las tonterías soy absolutamente relajada, no me armo atados por dónde ir de vacaciones o qué película ver e insignificancias de ese tipo, francamente todo eso me importa un pepino y sé que lo paso bien igual si la compañía es buena. Pero si, por ejemplo, mi pareja me dijera que dejara de trabajar desde que tenga hijos hasta que el menor de ellos esté en el colegio (6 años como mínimo), lo siento pero eso no es para mí, la respuesta siempre será un rotundo ¡NO!

Otro error es esperar demasiado del otro, tu pareja no te va a solucionar la vida, te puede apoyar mucho, acompañarte por el camino y eso, pero es súper importante tener claro que uno el responsable final de lo que le pasa y que tiene que tomar firmemente las riendas del carruaje de su propia existencia y direccionarlo con conciencia de que finalmente donde vaya será porque tú así lo quisiste. Culpar al otro de los fracasos propios es inútil y sumamente nocivo para la relación.

Quererse en la medida que el otro te quiera, medirte con la vara con que él te mira, si te quiere, te quieres, si no, te autoflagelas. El amor propio es algo que uno siempre tiene que tenerse, no importa la opinión ni de tu pareja ni de los demás. Uno sabe qué es correcto y qué no, si crees que actúas bien, nada más importa.

No aceptar al otro como es, si él es cabeza dura lo será por siempre, no importa lo que hagas ni el amor que emplees en tratar de modificar esa conducta: el nervioso nunca se relajará, el de mal carácter no arreglará su genio mágicamente y así. El amor no es Liquid Paper, o quieres al otro con todo lo que trae de fábrica o lo dejas por la paz, para mí es así de simple. En algunos casos cuesta menos, hay personas cuyos defectos son detalles y otras que simplemente no puedes soportar porque sus características no van contigo, ahí cada uno ve, pero ilusionarse con cambiar al otro es terriblemente ingenuo y una pérdida de tiempo y esfuerzo absoluta.

No considerar el hecho de que la gente evoluciona en el tiempo. Tal como uno no puede cambiar al otro, también tiene que aceptar que la persona que conoció hace 3 años no es exactamente la misma que está hoy al lado de uno. Todos cambiamos. Algunos maduran, otros se quedan pegados y sólo suman arrugas y canas, pero el tiempo no pasa en vano y muchas veces los integrantes de la pareja evolucionan en distintas direcciones y se encuentran con que la maravillosa compatibilidad que tenían al principio de la relación ya no es tal. Para esto no hay antídoto, lo único que uno puede hacer es mantener abiertas las vías de comunicación con el otro para que no te encuentres repentinamente un día cualquiera con que no tienes idea de quién es la persona con que duermes y que creías conocer como la palma de tu mano. Ni tampoco es bueno querer que todo sea como antes, la nostalgia no tiene cabida en la construcción de una relación duradera.

No ser sincera conmigo misma. He aprendido a no engrupirme, a no tratar de convencerme de cosas que son invenciones finalmente, a no enamorarme del amor, sino de la persona real que está a mi lado, a no vendérmela. Cuando el otro es un príncipe azul es facilísimo, no hay que convencerse de nada, todo fluye solito. Conclusión: si no te nace el amor, mejor olvídate de ello y a otra cosa mariposa.

He aprendido que hay algunas cosas de mí que sé que tengo que cambiar, pero no he podido hasta el momento.

Un horror es el mal manejo de las relaciones con la familia de tu pareja, el refrán más apropiado en este caso es: "Ni tan caliente que queme, ni tan frío que hiele". Es decir, no involucrarse demasiado en los asuntos de la familia de origen del otro, pero tampoco ser tan indiferente que piensen que los desprecias o te son indiferentes. Es un equilibrio delicado, sobre todo en mi caso específico en que me entrego 100% a las madres de mis pololos y les doy todo mi amor sin medir las consecuencias que eso puede tener en la relación de pareja, me ha pasado demasiadas veces como para tropezar de nuevo con la misma piedra, pero creo que es inevitable responder con cariño a la buena onda y preocupación de los demás. No tengo remedio.

Soy la persona más impulsiva que pisa la Tierra, actúo "de la guata" y no "de la cabeza" (o sea, hago y digo lo que me nace). La espontaneidad no siempre es algo malo, pero generalmente la impulsividad es algo pésimo. No reflexionar y actuar a tontas y a locas a menudo me resulta en hacer puras tonteras que le caen mal a todo el mundo y de las que reniego en el futuro. Todo mal.

También, a veces soy demasiado entusiasta y me hiperventilo. Me "enamoro" de algo y le rindo culto en forma aguda, sólo para decepcionarme luego. Es un rasgo adolescente que creo me acompañará toda la vida. Como cuando salto de entusiasmo por algo y me tienen que pedir que me tranquilice ¡qué chasco!

No sé decir "no" cuando me piden un favor y sé que la otra persona de verdad lo necesita, lo cual en ocasiones créanme que es absolutamente necesario, si no uno termina sin tiempo libre, ni descanso y la gente tiende a abusar. Sentirse necesario es una adicción y no saber negarse una tontera. Usted no lo haga.

Soy terriblemente mal genio y polvorita, en una fracción de segundo veo todo negro y dejo la escoba, digo tonteras de las que después me arrepiento, no contesto el teléfono o corto las vías de comunicación en general y linduras por el estilo. Eso he tratado de controlarlo con empatía, o sea, poniéndome en el lugar del otro, contando hasta mil, respirando profundo, quedándome callada hasta que pueda controlar lo que sale de mi boca y así. Pero para mí es difícil, lo más difícil diría yo. Por suerte con el tiempo mi carácter ha ido mejorando un poco espontáneamente y mi pobre pareja de turno cada vez menos se ve obligada a escuchar mis gritos destemplados. Es un avance. Además, pasar rabias me hace pésimo para el corazón, así que creo que eso ha influido bastante en que haya moderado mi mal carácter sin darme cuenta.

Y por último, agradezco a todos mis pololos y parejas anteriores que tuvieron que pasar por bastantes experiencias desagradables, pero me dejaron muchas lecciones que espero sean de provecho para el futuro. Todos ellos merecen un homenaje, porque soportarme no es ni remotamente fácil (a veces ni yo misma lo hago), soy una persona terriblemente compleja y enrollada, pero bueno, basta de hablar de mí, sólo gracias por la paciencia, muchas gracias. No creo merecer nada de lo bueno que tuve o tengo, pero la vida me lo dio, no más, nada que hacer y sólo puedo agradecerlo.

Nos leemos.

2 comentarios:

alfredo dijo...

de acuerdo en todo: el tiempo y las experiencias nos hacen quienes somos, ya sea con suerte o desgracia. hay (existen) mitos respecto a la relacion de pareja y todos caemos en ellos, ya que al final nos entregamos, queremos, nos sentimos vulnerables.

el tema para mi es la relacion con la familia del otro. soy observante critico, y a veces se me pasa la mano; no obstante, no me involucro demasiado -por mi fobia social- y porque a veces tienden a opinar. es una manera de establecer limites. si fui un desgraciado, despues verles la cara es horrible.

manejar las opiniones de la familia del otro es complejo. suelo decir cosas que quizas debo callar. y aunque tratemos de ser objetivos, siempre que se meten con nuestra familia explotamos, no sabemos conversar. asi que mejor de lejos y con paciencia.

pero, cuando sumamos los años, nos damos cuenta de que aprendemos algo. yo he crecido, pero no abandonaré mi estado adolescente. es lo que me hace feliz.

Kitty Valerie dijo...

yo por cercana, tú por lejano, los 2 equilibrando las relaciones con la familia de la pareja
¡uf! todo un tema...