sábado, 10 de enero de 2009

Dormir

Puedo dormir 4 horas de siesta y en la noche duermo igual 8 ó 9 horas, soy muy dormilona.

Mi mejor momento de la semana es la siesta del sábado y la del domingo también, a pesar de que últimamente el calor me dificulta el despertar sin la cabeza "abombada", es decir, como torpe, somnolienta y un poco desubicada en el tiempo y el espacio.

Los amigos de mi hermana se ríen de ella porque siempre se queda dormida en los carretes y concluyeron que las dos somos "buenas para el tuto". Claro, si yo me voy a dormir después del almuerzo aunque haya visitas y mis sobrinos me salten en la cabeza.

El gringo ya cachó mi debilidad por la durma y me deja dormir aún sacrificando su propia comodidad, recuerdo que en Arica abrí los ojos después de la siesta y me estaba mirando fijamente, él había despertado hacía rato, pero no había querido despertarme y prefirió dejarme descansar, me invadieron una ternura y una gratitud indescriptibles. Y también en la noche, dice que lo acorralé en la cama atravesándome transversalmente en el dos plazas y lo dejé en una orilla, pero tampoco me movió ni me pidió que me corriera. Eso es amabilidad y consideración, todo lo que uno puede pedir en el otro.

Y es que, como dice mi papá: "yo considero el descanso como parte de la salud y el bienestar". Sin un buen dormir, uno se deteriora, se arruga, anda mal genio y agotado por la vida. Así que soy partidaria de que cada uno descanse todo lo que quiera, pueda o necesite,

Tengo sueño ¿y tú?

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