viernes, 26 de junio de 2009

Anoche en el Prego



El gringo y yo fuimos anoche al restaurant Prego. Él me había invitado para celebrar nuestros 5 meses de pololeo que fue el 1º de junio, pero yo estaba resfriada así es que lo tuvimos que posponer y casi se nos junta con el de 6 meses.


Por un tema de cambio de razón social, resulta que no están aceptando tarjetas de crédito ni débito. Menos mal que logramos juntar suficiente efectivo entre los dos para pagar la cuenta. Es increíble cómo uno se vuelve totalmente dependiente del dinero de plástico. Porque, además, no en todas partes aceptan cheques.


La cosa es que comimos de entrada un plato para compartir: prosciuto con un queso del que no me acuerdo el nombre en este momento y rúcula. Yo tomé jugo de chirimoya que me encanta y estaba bastante bueno. Como plato de fondo el gringo pidió una lasagna de verduras que me tinca estaba exquisita, la próxima vez pediré eso, y yo unos agnolotti con salsa de roquefort (tuve que contener la risa cuando el garzón dijo: "Angelotti para la dama", ja, ja, ja, ja, porque angelotti significa angelotes en español o sea ángeles grandes, me imaginé un ejército de angelicales gigantes entrando a la habitación, je, je, je, je). Volviendo a los agnolotti, éstos estaban rellenos de espinacas de verdad, no de esas pastas con saborizantes y colorantes intragables, pero la salsa no tenía nada de roquefort, ni gusto ni olor: nada, lo único rescatable es que tenía pedacitos de nueces y eso le daba un toque delicioso.


Fue una linda noche, lo pasé muy bien a pesar de haber comido demasiado (no pude comer postre y eso que el postre sí que no lo perdono). Me encanta que el gringo me invite, me regalonee y me trate como princesa. Pero trato de no acostumbrarme porque no quiero transformarme en una mujer mimada que cree que la vida es pasarlo bien e ir a restaurantes y cuando no se puede, se siente mal.


Por mi parte, le dí un pequeño regalito al gringo: una fotografía enmarcada de nuestro viaje a Buenos Aires. Estamos los dos y a nuestras espaldas está la Casa Rosada. Es una foto muy luminosa y el gringo sale riéndose, cosa rarísima en él (salir riendo en las fotos, no reír). El amor correspondido es lo máximo en la vida.




1 comentario:

alfredo dijo...

no soy muy buen sibarita, no obstante me gustan las pastas y sus variantes. agnolotis son lo maximo, al igual que los gnocchi.

no soy muy experto en comidas: amo la chatarra y todo lo expreso. y concuerdo con eso del dinero plastico: a mi me ayuda precisamente a no gastar mucho, el impedimento del efectivo me frena y a Ella tambien. el problema es en el momento en que queremos algo y la tecnologia no acompaña.